Si traen las pastas, tomaremos el té.

Deborah Kerr y su marido nos recibieron en Madrid.

Ella es la pelirroja elegante. La dama con aire de dama del cine. Una señora. La señora Deborah Kerr. Pasó por Madrid. Estuvo 24 horas. «Protagonistas», después de mucho insistir, logró una entrevista exclusiva en la habitación del hotel donde se alojó. Simpática, cordial: Junto a su marido, rememoró viejas épocas y hasta nos invitó a tomar el té en una futura entrevista. Todo con mucho estilo inglés.

La infinita paciencia de Deborah
La infinita paciencia de Deborah

Llegó de Biarritz, con su marido, casi extenuada. Habían sido muchas horas de coche. Aunque no condujo, Deborah Kerr sólo quería darse una ducha y dormir. Sin embargo, al enterarse de que Peter Cushing, un viejo y entrañable amigo también se hospedaba en el Castellana ,Hilton, bajó a saludarlo. Luego volvió a su habitación, la 660.

Pero Protagonistas quería algo más, como siempre. Una entrevista y fotos exclusivas. Y lo consiguió, como siempre. No fue fácil, como siempre, pero sí posible.

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Llamamos a su habitación y una voz masculina muy «british» nos dijo: «La señora Kerr está tornando una ducha y no puede atender a nadie». Insistimos. ¿Cómo dejar escapar a la inolvidable pelirroja de «De aquí a la eternidad»? «Solamente queremos tomar un par de fotos. No la vamos a molestar con preguntas». «Llame en media hora». Esperamos y finalmente la estrella se puso al teléfono. «Estoy muy cansada. He tenido un viaje pesadísimo. Además, nos vamos a Marbella. Todavía no sé si lo haremos esta noche o mañana por la mañana. Acabo de salir de la ducha, tengo e! pelo mojado y me he quitado el maquillaje. Por favor, entienda que no me apetece volver a vestirme para hacer unas fotos. Si quiere, le doy una entrevista por teléfono, pero fotos, no». Insistimos hasta ponernos pesados. «Es que si no llevamos las fotos Parrotta, nos va, a matar» «Who is Parrotta?» «Uf, no sabe. Sólo un par de fotos, nada más».

La conversación telefónica duró quince minutos. Conseguimos que nos dijera que todo dependía de su marido. Peter, el míster, mantenía una conversación de negocios en la habitación de al lado. Del resultado de esa charla, dependía que saliesen hacia Marbella esa misma noche o a la mañana siguiente. Le dijimos entonces que si se iba al día siguiente, la esperaríamos en la puerta para fotografiarla al partir. Y sino, esa misma noche cuando saliera. Estaba algo así como harta de nosotros. Pero accedió. “Ok, ok, Llámenme en otra media hora. Puufff!”

Esperamos. bebimos tres cafés y nos comimos las uñas. Media hora exacta. “Hola, ¿Habitación 660? Esta vez nos atendió Peter.

Deborah opens the hotel room door
Deborah opens the hotel room door

«Mí mujer os va a recibir pero, por favor, sed breves». Ella misma nos abrió la puerta. Los años habían pasado pero aún conservaba, a pesar de las arrugas, la frescura de siempre. «Bueno, aquí estoy. Pueden hacer las fotos cuando quieran. Le pedimos una pequeña entrevista. «Pero ¿no eran solamente unas fotos?” Y empezó a contarnos sus actividades de los últimos tiempos.

«El año pasado estuve en Australia haciendo una obra de teatro, «El día después de la feria». Permaneció ocho meses en cartel. Fue un éxito abrumador y terminamos para las fiestas. Después, volvimos a nuestra casa en Suiza. Nos quedamos allí hasta la primavera. Desde entonces, hemos ido y venido a Marbella, todo el tiempo. Claro, siempre que los negocios de Peter nos lo permitían. Por eso, ahora que nuestro descanso coincide, queremos alargar al verano. El clima de Marbella, es ideal para eso. Nos quedaremos una temporadita. Sobre todo, porque la gente que suele ir en verano ya se ha marchado. Ahora está tranquilo y podremos disfrutar mejor de la playa.»

Peter cuenta, en correctísimo castellano, que desde hace unos años, sus negocios están relacionados con el cine. «Viví algún tiempo en México y también aquí en España, por eso hablo español. Deborah no lo habla pero entiende casi todo. Y, por cierto, ¿para qué publicación es la entrevista?». Contestamos que para Protagonistas, el suplemento de Interviú. «¿Dónde salen las chicas desnudas?», pregunta zumbón. Antes de que podamos responder, Deborah Kerr acota: «Pues preparaos porque aquí el que se va a desnudar es él. ¿A que no os esperábais esta exclusiva?». Lo que sería un breve encuentro, se convirtió en una charla de amigos.

SEGÚN PASAN LOS AÑOS

La nostalgia le invade cuando habla de Peter Cushing. «Me alegré enormemente de volver a verlo. Hacía veintiséis años que no lo hacía. La última vez fue cuando rodamos la versión cinematográfica de la novela de Graham Greene, «El fin de la aventura». El era mi marido en la ficción y yo lo engañaba con Van Johnson. Me emocionó muchísimo al verlo. Recién en ese momento tomé conciencia del tiempo que había pasado. No puedo decir que me sentí vieja, porque todo me pareció igual que entonces. Pero no pude dejar de sentir que habían pasado muchos años.»

Deborah and Peter
Deborah and Peter

Lo que no pasó es su encanto. Añejo pero bien conservado. Con la misma dignidad del pasado. Su pelo sigue siendo rojo. El clásico moño ha sido reemplazado por una suerte de coleta, muy apropiada para la ocasión. Las joyas -pendientes, cadenas y aniIlos- son de oro, de diseños originales y discretos. Todo
con «un toque de distinción». Las manos, son aún finas, delicadas, perfectas. Los zapatos, italianos y clásicos. Pero lo más llamativo y definitorio de su atuendo es el perfume.

«¿Te gusta? Es americano. Se llama Nonell. Y es, podría decir, mi preferido. Para mí el perfume es importantísimo. Creo que define, de alguna manera, la personalidad y las características del que lo lleva. Cuando descubrí este perfume sentí que era el que más reflejaba mi manera de ser. Creo que, más allá de la sofisticación, el perfume sirve para conocer a las personas. No es una tontería. Piensa en la gente que conoces y en los perfumes que usa. Todos tienen alguna relación con quien los lleva, En eso no se puede mentir».

El marido aprueba y, por primera vez, se sientan juntos. El le toma la mano y hablan de lo que harán en Marbella. Nos preguntan qué temperatura tendrán, si podrán caminar y pasear por la playa y tomar sol.

Deborah in her room
Deborah in her room

«Debo cuidarme mucho del sol. Mi piel es muy delicada. Como la de todos los pelirrojos. El paso de los años no modifica para nada la pigmentación. Aunque nunca me preocupó demasiado porque tampoco tengo suficiente paciencia para quedarme horas al sol. Siento que me aso». Hablan de lo que les gusta hacer en sus horas de descanso: «Leer, escuchar música, escribir y preparar proyectos. Nunca hay que dejar de hacer proyectos, se tenga la edad que se tenga. Mientras se planifica algo, no importa sí se realiza o no, uno se siente vital. Y eso es lo que verdaderamente importa». Parecen una pareja bien conjuntada. De pronto, Deborah pregunta con ironía: «¿Pero no era que solamente ibais a tomar unas fotos y que no Ibais a preguntar nada?».

Eso, marca el fin de la entrevista. Como si fuéramos viejos amigos, nos despide con un «Algún día tomaremos el té juntos». La miramos como si la reina de Inglaterra nos hubiera invitado a tomar el «five o’clock tea». Aceptamos. Pero eso sí, las pastas las pondremos nosotros.

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