Fallece a los 86 años la actriz escocesa Deborah Kerr

In Loving Memory

La protagonista de ‘De aquí a la eternidad’ y ‘El rey y yo’ fue reconocida con un Oscar honorífico por su carrera, galardón al que optó en seis ocasiones 

«Me gustaría que me recordaran como una buena actriz, pero, sobre todo, como una buena persona», contestó Deborah Kerr cuando le preguntaron cómo le gustaría que le evocaran sus admiradores. Ayer, sus millones de fans conocieron a través de su agente que la protagonista de ‘Te y simpatía’, ‘El rey y yo’ y ‘De aquí a la eternidad’ falleció el pasado martes en el condado de Surrey, a los 86 años.

La actriz escocesa, que sufría desde hace años la enfermedad de Parkison, recibió en 1994 el Oscar honorífico por su carrera, galardón al que optó en seis ocasiones. «Una emoción así, es suficiente en la vida», declaró esta atractiva y distinguida intérprete que nunca entró en la categoría de sexy porque la mayoría de los papeles que hizo fue ‘la buena’ -en ‘Sólo Dios lo sabe’ encarnó a una monja’-. Pero con su romance cinematográfico con Burt Lancaster en ‘De aquí a la eternidad’, el público aceptó que la rubia escocesa podía ser una mujer fatal.

El tórrido beso entre Kerr y Burt Lancaster en una escena en la que las dos estrellas están abrazadas en una playa de Hawai estimuló sueños eróticos en generaciones enteras de adolescentes. Además, ‘De aquí a la eternidad’ de Fred Zinnemann, fue elegida entre las cien cintas más románticas de la historia del cine por la Academia de Cine de EE. UU.

Exponente del cine dorado de Hollywood de los años 40 y 50, la intérprete, que vivía en Suiza, volvió a Reino Unido para estar junto a su familia cuando empeoró de su enfermedad. Kerr estaba casada con el escritor, guionista y productor Peter Viertel -guionista de ‘La reina de Africa’-.

Robert Taylor, Yul Brynner, Clark Gable, Burt Lancaster, Robert Mitchum y Kirk Douglas fueron algunos de los partenaires de esta mujer que se metió en la piel de personajes románticos y turbadores, y que rompió su imagen dulce, tímida y algo apocada por la famosa escena del beso con Lancaster.

Fiel a un tipo de personaje que ponía de relieve su belleza, algo fría, su gran distinción y su inteligencia, cualidades que contribuyeron a hacerla muy popular, sobre todo entre el público femenino, Deborah Kerr siempre separó su vida profesional de la privada. «Mi secreto es ser yo misma. La actriz se queda en el estudio, en casa sólo soy esposa y madre», reconocía.

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