La tranquila vida de una gran dama (1991)

Carlos Picasso – Lecturas, 1991

Ante los persistentes rumores que circulan sobre una presunta y grave enfermedad de la gran estrella de Hollywood, Deborah Kerr, y para saber la verdad sobre su estado de salud, fuimos a charlar con la ilustre actriz. Deborah Kerr nos concedió una entrevista exclusiva en su idílico refugio marbellí, donde pasa largas temporadas muy cerca de la naturaleza que tanto ama, en la compañía de su esposo Peter Viertel, que la mima y protege todo el tiempo, de su gato Kitty y del servicio doméstico.

Nos recibe con una amplia sonrisa e instantáneamente nos cautiva, nos envuelve, con una sencillez, delicadeza y una belleza espiritual muy fuera de lo común. De la misma manera que lo ha hecho con millones de espectadores en todo el mundo a través de los años en la gran pantalla.

Deborah Kerr es una maravillosa mujer, madre de dos hijas y abuela de tres nietos. En Septiembre cumplirá setenta años. Conserva  aún la belleza y el gran sentido del humor que, en los años 50 y 60, la llevaron a ser una gran estrella del cine.

Comenzamos nuestra entrevista, cómodamente sentados en la terraza, donde la gran diva del celuloide pasa largas horas leyendo y también sumida en sus recuerdos. En una paz y silencio maravillosos, donde sólo el cantar de las aves y el susurro del viento se escuchan, es donde departe con sus escasos visitantes y algunos amigos íntimos.

– Estamos alarmados ante la noticia de que padece una gravísima enfermedad, ¿puede aclararnos si es verdad?

– Antes que nada le agradezco la preocupación, pero lo mío no es grave, no es más que un problema que acarrea la edad y especialmente a las mujeres más que a los hombres.

– ¿Cual es su problema?

– Tengo artritis, que me afecta la cadera y de la que me puedo operar, pero no quiero, a no ser que sea absolutamente necesario. Puedo decirle, con total convicción, que gracias a Dios no tengo nada serio… ¡aún! (Ríe a carcajadas); en todo caso, toco madera.

– Posiblemente el hecho de que hace tiempo que no se la ve en público, alimente estos rumores… ¿cuándo fue la última vez que lo hizo?

– Cuando acudí como miembro del jurado al Festival de Cine Europeo de Glasgow, donde nací y donde se premió a Carmen Maura como la mejor actriz, por su trabajo en “¡Ay, Carmela!”.

– ¿Qué sintió al volver a la ciudad que le vio nacer?

– ¡Fue maravilloso! Glasgow se ha convertido por fortuna e n una maravillosa ciudad, con un reconocimiento cultural difícil de creer. En una localidad llena de crímenes y gánsteres el cambio es extraordinario.

– ¿Cuáles son los recuerdos de su infancia que con mayor fuerza le trae Glasgow?

– Casi ninguno, ya que cuando yo tenía tres años, mis padres y yo nos marchamos a Bristol donde teníamos familia.

– ¿Y qué recuerda de su estancia allí?

– Vivir en el campo siempre me ha gustado. Amo los animales y mi primera ambición fue ser veterinaria pero esta vocación no tardó mucho tiempo en ser sustituida por la de ser bailarina, y más tarde, actriz.

– ¿Cuando supo o se dio cuenta de que por su especial sensibilidad estaba encaminada hacia el arte interpretativo?

– Creo que a través de mi tía, la hermana de mi madre. Ella era una excelente actriz, que jamás se movió de la ciudad de Bristol, y que tenía una pequeña academia de ballet y declamación. Todo lo que he podido hacer más tarde en el teatro y el cine ha sido gracias a ella. Y creo firmemente que todo estaba en mi sangre: Mi madre tocaba el piano, y mi abuelo tenía una voz maravillosa. Formábamos una familia muy artística.

– ¿Es usted una mujer ambiciosa?

– No, realmente mi ambición se limitaba a lo que quería hacer y a aprender cosas de mi profesión.

– ¿Hay algo que quisiera borrar o hacer desaparecer de su vida?

– Esta es una pregunta muy difícil de contestar. Sólo una o dos cosas, pero que realmente no quiero decir porque son muy personales.

– ¿Cuáles fueron los cambios fundamentales en su vida?

– Mi primera posibilidad de ir a Hollywood fue el más importante. Jamás soñé, de niña, cuando iba al cine con asiduidad, que llegaría a la Meca del Cine; el otro fue la primera vez que viajé a Nueva York para hacer teatro. He sido muy afortunada.

– Y personalmente, ¿cuáles han sido sus mejores momentos?

Ser madre y conocer a Peter.

– Su marido nos cuenta que él había trabajado toda su vida en el cine como guionista, como su padre antes que él: “Tuve la suerte de ser contratado para trabajar en una película llamada “The Journey”, que fue rodada en 1958, en la que intervenía Deborah. Ella, en esa época, ya era una gran estrella, pero aún estaba casada; dos años más tarde se divorció, y al poco tiempo nos casamos”.

– ¿Cuál ha sido el papel más importante que le ha tocado hacer en su vida privada?

– Posiblemente ser una razonablemente buena madre. Siempre traté de no mezclar mi vida profesional con la de mis hijas, cuando cruzaba la puerta de mi casa era simplemente “mami”.

– Peter, ¿cómo han conseguido complementarse tan bien?

– No ha sido tan difícil como parece. Los dos teníamos nuestras carreras, nuestro trabajo. Ella realizó como mínimo unas diez películas después de casarnos. Yo trataba de asesorarla en relación a los guiones, pero Deborah siempre tomaba sus propias decisiones sobre las películas en las que quería actuar.

– Deborah, ¿Qué opina de lo que dice su marido?

Yo lo veo de una manera un poco distinta: somos completamente diferentes, yo no juego al tenis ni al golf y soy casi completamente inútil en la cocina. Él sin embargo es maravillosamente bueno en todas estas cosas. Nos complementamos a la perfección.

-Peter, ¿cómo definiría su vida en pareja en los últimos treinta años?

Hemos tratado de resolver los problemas juntos y con mucha tolerancia, especialmente por parte de Deborah; puedo asegurar que ella ha sido mejor esposa que yo marido. Ella, créalo o no, es una persona muy tímida, amante de  la soledad, y yo soy una persona muy gregaria, por eso nos complementaos muy bien.

– ¿Cómo ha logrado mantenerse alejada de las controversias de Hollywood y ser tan querida, tan feliz y tan normal?

Simplemente cuando dejaba los estudios allí quedaba todo lo relacionado con la actriz Deborah. Nunca mezclé las dos cosas. Cuando llegaba a casa era la madre y la esposa, y siempre he sido yo misma.

– Pero usted era muy joven cuando empezó su carrera…

– Sí, pero tuve una educación y una formación familiar importante.

– ¿Cuáles son sus convicciones más profundas?

– Pensar siempre en las otras personas con amor. Para ser amada hay que saber darlo todo por los que nos rodean. La amabilidad, la sencillez son también muy importantes; lo que más temo es la violencia que azota el mundo hoy en día.

– ¿Cómo le gustaría ser recordada?

– Como una buena actriz y una buena persona.

– ¿Cuál fue su primera impresión de España y por qué decidió quedarse a vivir aquí?

– Me enamoré de España casi instantáneamente. Solíamos ir a Biarritz y a San Juan de Luz, hasta que un día cruzamos la frontera y vimos el cariño de sus gentes, su calidad y sus ganas de vivir. Los responsables fueron Peter y el campo de golf que tenemos aquí al lado.

– ¿Qué es la felicidad para usted?

– Para mí la felicidad consiste en tener una maravillosa familia y ser amada.

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