Acera de la marina: Réquiem

Málaga

Hay vidas que parecen de película hasta cuando ponen el fin. Peter Viertel y Deborah Kerr han protagonizado una de ellas. Él, guionista y novelista; ella, actriz y estrella; él y ella, pareja de ‘Aquí a la eternidad’, como se titulaba una de las películas de Deborah. La protagonista de ‘Tú y yo’ (1957) y ‘La noche de la iguana’ (1964) falleció en Gran Bretaña hace apenas tres semanas. El mismo tiempo que se ha tomado su marido para hacer mutis en un hospital de Marbella, la ciudad en la que ambos compraron una casa de verano hace casi cuatro décadas pero que convirtieron en una cálida residencia en la que pasar sus inviernos. En el porche de su casa de Río Real, bajo el cartel de una de las películas de Viertel con Anatole Litvak, ‘Decisión al amanecer’ (1951), Peter y Deborah representaban toda esa hospitalidad costera de Málaga que atrapaba con su espíritu dionisiaco y amistoso las voluntades de extranjeros buscadores de rayos de sol y vacunados contra la nostalgia.

Viertel y Kerr aguantaron a pesar de las molestias. «Marbella me resulta a veces un sitio extraño para haber anclado, pero la gente es muy amable y el aire aún no está contaminado», escribía el guionista hace década y media en la última página de sus memorias, ‘Amigos peligrosos’ (Ultramar, 1995). La pareja no era sólo de los que residía, sino de los que vivían. Con sus zapatillas blancas y ropa informal, era habitual ver a Peter Viertel en el mercado con sus bolsas en la mano, paseando por las calles de Marbella o haciendo surf en la playa. Este réquiem por la pareja va también por toda una época y una colonia hollywoodiense a la que gustaba mezclarse entre la gente. Como el divertido británico Stewart Granger (‘Scaramouche’, 1952); el flemático escocés Sean Connery, siempre unido a un palo de golf, pero que acabó marchándose cuando sitiaron su casa de bloques de edificios, o el cineasta norteamericano de origen rumano Jean Negulesco (‘Cómo casarse con un millonario’, 1953), que recorría con su eterno sombrero las mismas calles que Deborah Kerr, a la que había dirigido precisamente en la última película de la actriz para MGM, ‘Count Your Blessings’, 1959). Todavía quedan en la costa representantes de aquel Hollywood dorado, como el director artístico Vernon Dixon o el padre de los efectos especiales Ray Harryhausen. Sus nombres no crean tanta expectación pero el salón de sus respectivas casas dejaría boquiabierto a cualquier mitómano: exhiben hasta cuatro Oscar.

Viertel, a pesar de firmar el guión del clásico de su peligroso amigo John Huston ‘La reina de África’, nunca tuvo un Oscar. A Kerr se lo dieron honorífico después de seis candidaturas. Pero los premios nunca les quitaron el sueño. El propio Peter aprovechó sus memorias para despedirse y explicar que vivir en Marbella «me proporciona la falsa sensación de confort que ahuyenta el conocimiento cada vez mayor de mi propia impermanencia».

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